Mi hijo no habla, ¿necesita terapia?
Cuando un niño tarda en hablar, la pregunta no debería ser únicamente cuántas palabras dice, sino cómo está construyendo su comunicación.
El lenguaje no aparece de manera aislada. Antes de pronunciar sus primeras palabras, el niño desarrolla habilidades fundamentales: dirige la mirada hacia otra persona, responde a su nombre, comparte intereses, señala, imita acciones y sonidos, comprende palabras cotidianas y busca distintas maneras de expresar lo que necesita. Estas conductas constituyen la base sobre la cual posteriormente se organiza el lenguaje oral.
Por esta razón, dos niños que dicen pocas palabras pueden presentar perfiles muy diferentes. Uno puede comprender indicaciones, señalar para compartir, imitar con facilidad y aprender palabras nuevas progresivamente. Otro puede tener el mismo número de palabras, pero mostrar poca intención comunicativa, dificultades para comprender, escasa imitación o frustración frecuente. Aunque aparentemente ambos “hablan poco”, sus necesidades no son las mismas.
No solo importa cuánto habla,
sino cómo se comunica
Durante una valoración del lenguaje se analiza mucho más que la cantidad de palabras. Es necesario observar:
•Si comprende palabras, preguntas e instrucciones acordes con su edad.
•Si utiliza la mirada, los gestos y los sonidos para comunicarse.
•Si señala únicamente para pedir o también para mostrar y compartir.
•Si imita movimientos, acciones, sonidos y palabras.
•Cómo juega y si puede incorporar a otras personas en su juego.
•Si aprende palabras nuevas y logra utilizarlas en distintos contextos.
•Cómo coordina la respiración, la voz y los movimientos de labios, lengua y mandíbula.
•Si existen antecedentes auditivos, alimentarios, sensoriales o del desarrollo que puedan influir en la comunicación.
Algunas señales requieren especial atención: ausencia de balbuceo o gestos hacia los 12 meses; falta de palabras con intención entre los 16 y 18 meses; no combinar dos palabras espontáneamente alrededor de los dos años; dificultad para comprender instrucciones sencillas; poca respuesta al nombre; dependencia del llanto, los gritos o la mano del adulto para pedir; repetición de frases sin una función comunicativa clara, o frustración constante al intentar expresarse.
La pérdida de palabras o de cualquier habilidad que el niño ya utilizaba debe valorarse oportunamente, sin importar su edad.
Entonces, ¿necesita terapia?
No todos los niños que comienzan a hablar tarde requieren el mismo tipo de intervención. Algunos necesitan orientación familiar y seguimiento; otros requieren terapia de lenguaje o una valoración complementaria de audición, desarrollo, procesamiento sensorial o habilidades oromotoras.
La decisión no debe basarse solamente en la edad ni en esperar a que “se suelte”. Debe partir de un análisis integral de las fortalezas del niño, las habilidades que aún no ha consolidado y la manera en que estas dificultades afectan su vida cotidiana. Valorar no significa apresurar un diagnóstico ni exigirle que hable. Significa identificar qué está limitando su comunicación y determinar cómo podemos ayudarlo. Cuando intervenimos oportunamente, no trabajamos únicamente para que el niño pronuncie palabras: le ofrecemos herramientas para comprender, expresar necesidades, participar, jugar, aprender y relacionarse con mayor seguridad.
Si algo en la comunicación de tu hijo te preocupa, escuchar esa inquietud también forma parte de acompañar su desarrollo. No es necesario esperar a que la dificultad sea más evidente para solicitar orientación.