El misterio del dolor lumbar:
Cuando las culpables son las articulaciones facetarias

Si alguna vez has sentido un dolor sordo en la parte baja de la espalda que empeora al arquearte hacia atrás, al girar la cintura o después de pasar mucho tiempo de pie, es muy probable que tus articulaciones facetarias te estén enviando un mensaje de auxilio.

Para entender este padecimiento, imaginemos la columna vertebral. No es un hueso único y rígido, sino una torre de bloques (las vértebras) apilados uno sobre otro. Para que esta torre pueda doblarse, girar y mantenerse estable, las vértebras se conectan entre sí por la parte de atrás mediante unas pequeñas “bisagras” llamadas articulaciones facetarias. Cada vértebra tiene dos de estas bisagras arriba y dos abajo.

Al igual que las rodillas, estas bisagras están recubiertas de un cartílago liso y lubricado que permite que los huesos se deslicen suavemente entre sí sin raspar.

Pero entonces… ¿Qué es el síndrome facetario y por qué duele?

Ocurre cuando ese cartílago protector se desgasta, se adelgaza o se inflama. Imagina una bisagra de una puerta a la que se le acaba el aceite: empieza a rozar metal con metal, se traba y chirría. En tu espalda, ese “chirrido” se traduce en inflamación y dolor.

El cartílago se desgasta por diversas causas; por el paso del tiempo el cual es parte del proceso natural de envejecimiento de las articulaciones, por sobrecarga y malas posturas, y por problemas en los discos, los discos intervertebrales (las almohadillas que van entre vértebra y vértebra) funcionan como amortiguadores.



Si un disco se desgasta o se deshidrata, se aplana, lo que hace que las articulaciones facetarias de atrás tengan que cargar con toda la presión.

El síndrome facetario tiene una personalidad peculiar, ¿Qué puedes llegar a sentir? Un dolor profundo y sordo en la zona lumbar (espalda baja) o en el cuello. A veces puede reflejarse hacia los glúteos o los muslos.

Este malestar empeora al arquearse: el dolor se intensifica cuando te inclinas hacia atrás o cuando giras el tronco, ya que estos movimientos comprimen directamente las articulaciones inflamadas.

Hay alivio al inclinarse adelante: sentarte o doblar la espalda hacia el frente suele aliviar la molestia porque “abre” el espacio de la articulación y le quita presión. También es típico despertarse con la espalda tiesa como una tabla, al empezar a caminar y “calentar” el cuerpo, la molestia disminuye un poco, pero vuelve a aparecer si pasas mucho tiempo de pie o sentado.

Mantener un peso saludable es uno de los favores más grandes que puedes hacerle a tu columna. Cada kilo de más en el abdomen ejerce una palanca que obliga a las articulaciones facetarias a trabajar el doble.