Comprender para actuar
¿Cómo identificar los trastornos de conducta?

Es normal que los niños y adolescentes tengan momentos de rebeldía o mal humor. Sin embargo, cuando el comportamiento desafiante se vuelve constante y afecta la vida diaria, la escuela o las relaciones, podríamos estar hablando de un trastorno de la conducta.

Entender de qué se trata es el primer paso para brindar el apoyo adecuado.

Los trastornos de la conducta son problemas emocionales y de comportamiento que van más allá de una “travesura”. Se caracterizan por un patrón repetitivo donde el joven tiene dificultades para seguir las normas sociales o respeta poco los derechos de los demás.

Los trastornos de conducta son un nivel más severo donde pueden aparecer agresiones, daños a objetos o faltas graves a las reglas (como escaparse de casa).

¿Cómo identificar las señales?

No todos los casos son iguales, es importante observar la frecuencia, la intensidad y la duración de las conductas.

•Dificultad para controlar impulsos: actuar sin pensar en las consecuencias.
•Irritabilidad constante: perder la paciencia con mucha facilidad.
•Falta de empatía: problemas para entender cómo se sienten las otras personas después de una pelea.
•Problemas escolares: conflictos frecuentes con maestros o compañeros.



Es importante saber que no es culpa de nadie. Estos trastornos suelen ser el resultado de una mezcla de factores biológicos, el cerebro procesa las emociones y el miedo de manera distinta; ambientales, situaciones de estrés en casa, en la escuela o en el vecindario; aprendizaje, a veces, el joven no ha desarrollado las herramientas necesarias para resolver problemas de forma pacífica.

La buena noticia es que, con paciencia y ayuda profesional, estos comportamientos pueden mejorar significativamente. El tratamiento temprano es el factor más determinante para un pronóstico positivo. El enfoque suele ser multidisciplinar:

La Terapia Cognitivo-Conductual ayuda a identificar los pensamientos que desencadenan conductas impulsivas y a desarrollar habilidades de resolución de problemas.

Es común que estos trastornos generen rechazo social, lo que a menudo refuerza el comportamiento negativo. Sin embargo, detrás de la mayoría de estos trastornos existe una dificultad real para procesar emociones de manera saludable.

El objetivo del tratamiento no es la sumisión, sino la autonomía emocional. Aprender a navegar los conflictos sin recurrir a la agresión es una habilidad que se puede entrenar con paciencia, estructura y apoyo profesional especializado.

  • Dra. Mónica I. Sánchez Pérez
  • Médico Psiquiatra Especialista en Psiquiatría
    Infantil y de la Adolescencia
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