¿Es solo una etapa?
Pequeños cambios cotidianos que revelan señales de alerta en la salud mental en niños y adolescentes
Los cambios de humor en la infancia y la adolescencia son tan comunes como las rabietas a los tres años o el aislamiento a los quince: un día se despiertan con energía desbordante y al siguiente prefieren encerrarse en su habitación sin hablar con nadie. Ante estos altibajos, es natural preguntarse: ¿esto es parte normal de su crecimiento o debería preocuparme?
Actuar con serenidad ayuda mucho al observar tres pistas sencillas: qué tan fuerte es lo que sienten, cuánto tiempo dura y cómo afecta su día a día. Pasar por un mal día o una semana complicada nos ocurre a todos; pero cuando la tristeza, el enojo constante o el desánimo se instalan por más de dos o tres semanas, la señal de alerta se enciende.
Si un pequeño detalle detona un llanto incontrolable o si de repente dejan de hablarle a sus mejores amigos y abandonan todo lo que antes les fascinaba, nos encontramos ante un malestar que va más allá de un berrinche o una moda pasajera.
La manera en que los hijos expresan que algo no anda bien cambia mucho con los años. Los más pequeños suelen hablar a través del cuerpo, quejándose a diario de dolores de panza o de cabeza sin que el médico encuentre nada, teniendo pesadillas a medianoche o volviendo a mojarse en la cama aunque ya lo habían superado.
Los adolescentes, por su parte, tienden a refugiarse en un aislamiento profundo que supera por mucho la búsqueda normal de espacio personal, cambian sus horarios de sueño por completo, descuidan la escuela o sueltan frases amargas sobre sentir que no valen nada.
Cuando notamos que algo no encaja, lo mejor que podemos hacer en casa es acercarnos sin rodeos pero con mucha calidez. Vale la pena elegir un momento tranquilo para decirles con cariño que hemos notado su cambio y que estamos ahí para lo que necesiten, sin juzgar ni soltar el típico “a tu edad no tienes por qué estresarte”.
El camino del crecimiento nunca es una línea recta, y ver a nuestros hijos atravesar tormentas emocionales puede hacernos sentir perdidos.
Prestar atención a sus cambios y buscar ayuda profesional a tiempo no es exagerar ni señalar a nadie; es tender un puente de confianza y demostrarles que, sin importar lo oscuro que parezca, siempre habrá un lugar seguro esperando por ellos en casa.