¿Cuándo indica un nervio comprimido?
El trayecto del dolor que baja por la pierna

Sentir una punzada, un hormigueo constante o un dolor ardiente que nace en la parte baja de la espalda, atraviesa el glúteo y se extiende hacia el muslo o la pantorrilla es una experiencia más común de lo que se piensa. Con frecuencia, las personas asumen que se trata de un simple tirón muscular. Sin embargo, cuando el dolor sigue un trayecto tan definido hacia abajo, el verdadero culpable suele ser un nervio comprimido en la columna vertebral.

A este patrón de dolor popularmente se le conoce como ciática. Esto se debe a que el nervio ciático, el más largo y grueso del cuerpo, es el que con mayor frecuencia resulta afectado por la presión en la zona baja de la espalda. La columna lumbar está compuesta por vértebras separadas por discos intervertebrales que actúan como amortiguadores. Cuando uno de estos discos se desplaza o se rompe debido al desgaste o a un esfuerzo, se produce lo que conocemos como una hernia de disco.

Este fragmento puede presionar directamente las raíces nerviosas que salen de la médula espinal hacia las extremidades inferiores. Dado que estas raíces son las encargadas de llevar la sensibilidad y las órdenes de movimiento a las piernas, el cerebro interpreta la irritación como un dolor agudo a lo largo de todo su recorrido, llegando en ocasiones hasta los pies.

Identificar si el origen es un nervio o un músculo depende mucho de las características del dolor. A diferencia de una contractura común, la compresión nerviosa casi siempre afecta a una sola pierna y se manifiesta como una descarga eléctrica o un ardor intenso. Además, suele venir acompañada de una pérdida de sensibilidad, sensación de adormecimiento en la piel y, en casos más severos, debilidad para levantar la punta del pie al caminar.



Es característico que la molestia empeore de forma notable al pasar mucho tiempo sentado, al inclinarse hacia adelante o al realizar actos tan cotidianos como toser y estornudar.

La presencia de un nervio comprimido no significa que la única solución sea una cirugía. La gran mayoría de las personas experimenta una mejoría notable en pocas semanas mediante un enfoque conservador.

Este proceso suele comenzar con el uso temporal de medicamentos analgésicos y antiinflamatorios, seguidos de una terapia física orientada a fortalecer los músculos de la espalda y el abdomen para liberar la presión mecánica sobre la zona.

Las infiltraciones o la intervención quirúrgica, se reservan únicamente para casos donde el dolor es intratable o cuando existe una pérdida de fuerza progresiva que pone en riesgo la movilidad.

Mantener una buena higiene postural, evitar el sedentarismo y fortalecer la musculatura del abdomen y espalda baja, siguen siendo las mejores herramientas para prevenir que un nervio vuelva a quedar atrapado.

  • Dr. Daniel Santana Lopez
  • Alta Especialidad en Cirugía de Columna / Especialidad en Ortopedia y Traumatología
    Ced. Prof. 6812031 uady Ced. Esp. 12083861 uady

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